Reseña “Arrietty y el mundo de los diminutos”


La pantalla se pone celeste y aparece la silueta de Totoro. Ya está presente el sello de calidad que implica el Studio Ghibli y que, en este caso, no falla. Tenemos ante nosotros Arrietty y el mundo de los diminutos (2010), dirigida por Hiromasa Yonebayashi -quien participó en películas del estudio tan emblemáticas como Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro– y con el guión de Hayao Miyazaki, el rey indiscutido de Studio Ghibli.

Arrietty y el mundo de los diminutos

La película comienza con el joven Sho llegando a una gran casa en las afueras de Tokio. Inmediatamente nuestra atención se traslada hacia una pequeña mujer que se esconde entre las plantas. La película se centrará en aquella mujer, Arrietty, y su familia, todos de tamaño diminuto. Esta familia habita bajo la gran casa a la que llega Sho y viven “tomando prestado” cosas de la familia tamaño regular. Cada cierto tiempo deben hacer viajes hacia la casa, sin ser vistos, para poder proveerse de alimentos y otras necesidades. La trama se centra en que Sho logra ver a Arrietty y, debido a esto, la diminuta familia se ve obligada a mudarse.

El tipo de animación hace fácilmente identificable que se trata de una película de Ghibli. El dibujo que tanto gusta y tan característico del estudio, se ve potenciado por la cantidad de sutilezas que presenta. Tenemos un gran plano perfectamente dibujado, pero como los protagonistas son seres del tamaño de un insecto, incorpora una gran cantidad de detalles y lo hace maravillosamente. Desde la forma del pasto hasta la porcelana en miniatura nos da una muestra de la minuciosidad con la que fue elaborada la obra.

Hay ciertas características presentes que ya son todo un clásico del Studio Ghibli, como lo es el protagonismo de una mujer (y además una niña, en este caso de 14 años). Hace un tiempo estuvo circulando en las redes parte de una entrevista de Miyazaki donde decía: “Muchas de mis películas tienen mujeres fuertes como protagonistas, mujeres valientes, autosuficientes que no piensan dos veces en pelear por lo que creen con todo su corazón. Ellas necesitarán de un amigo, un apoyo, pero nunca un salvador. Cualquier mujer es capaz de ser un héroe como cualquier hombre”.  Esto es precisamente lo que vemos en la película, donde Arrietty es la principal protagonista, pero se relaciona con Sho y muchas veces recibe ayuda y soporte de su padre.

En Arrietty y el mundo de los diminutos está presente también una relación particular con el medio ambiente, el cual estamos constantemente amenazando los humanos. En los últimos 200 años se han extinto un 72% de las especies (llegando al 75% se considera extinción masiva) y no debería sorprendernos que una de esas especies hayan sido los diminutos. La película, de forma sutil pero convincente, logra que nos cuestionemos nuestra relación con el resto de los seres vivos, los cuales tienen tanto valor como nosotros, independiente de su tamaño o de la forma en que viven. Después de ver la película vamos a ver dos veces por dónde pisamos.

Lo único que se extraña en esta película, o al menos que lo extrañamos los más tradicionales, es la música compuesta por Joe Hsaishi tan características en las obras del Studio Ghibli, que nos llevan dentro de la película y evocan una nostalgia difícil de identificar. En este caso, la música está a cargo de Cécile Corbel, que, sin estar mal, no logra igualar al ya clásico compositor.

La gracia de hablar de esta película en este momento es que tenemos la tan esquiva oportunidad de verla en pantalla grande y además en una sala de cine comercial como lo es Cinemark. Por suerte este privilegio no es exclusivo para Santiago, sino que también habrán funciones en Arica, Iquique, La Serena, Rancagua, Concepción y Osorno. Si bien los horarios son un tanto limitados, con funciones el 8, 9, 10 y 12 de septiembre, se agradece la “apuesta” de traer animé a los cines chilenos. Las comillas en apuesta son necesarias, ya que si bien hay que valorar este tipo de esfuerzos, es una película que ya cumple 8 años y podría considerarse que no hay un mayor riesgo en hacerlo. Aún así es importante que los amantes del animé vayan a verla, ya que es la única forma en que los cines se sigan arriesgando y quién sabe si un día empiezan a llegar los estrenos a Chile, más allá de Pokémon y Dragon Ball. Para quienes no son amantes del animé, también deberían ir a verla, ya que es una maravilla de la que de seguro no se arrepentirán.

*Colaboración de Bruno Pino.

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